La suma de mis partes

La familia y la sociedad como causas de trastornos alimenticios y adicciones.

Por Diana Mijangos / Año 2006.

Existen diversas causas para desarrollar trastornos alimenticios (tales como la anorexia, bulimia, vigorexia, ortorexia, desorden del atracón, desorden del comedor compulsivo, entre otros), que se pueden resumir en biológicas, psicológicas, individuales, familiares y sociales, ya que somos seres bio-psico-sociales por naturaleza. Los ED'S (Eating Disorders) no sólo se basan en lo que ocurre dentro de nosotros mismos, sino también en lo que ocurre a nuestro alrededor. En estos últimos años se ha desarrollado una cultura de culto al cuerpo, damos verdaderamente mucha importancia a la apariencia física; los medios de comunicación nos bombardean con actrices, cantantes, modelos esqueléticas; la publicidad de los productos de dieta aparece en todos los lugares, diciéndonos entre líneas que valemos por lo que tenemos y por cómo lucimos, y no por quiénes somos. Se ejerce una presión sociocultural respecto a lucir un cuerpo extremadamente delgado como símbolo de belleza y éxito, a lo cual se suma la sociedad consumista que nos crea necesidades ficticias, que anula nuestra voluntad e interviene en nuestra capacidad para decidir libremente, una sociedad en la que se encuentra en las cosas materiales la felicidad y el centro de la autoestima, pues los anuncios publicitarios nos dicen que si usamos cierta ropa seremos más atractivos, que si vamos a ciertos lugares seremos más populares, que cualquier carencia se disipa con un bien material, y es así... Sin embargo, esa aparente felicidad es tan sólo pasajera.

En la sociedad encontramos demasiada presión. Cuando se tiene sobrepeso, la gente pone sobrenombres hirientes, se sufre el rechazo en el aspecto laboral, emocional, social, familiar, porque a veces son los mismos familiares quienes terminan por arrojar a los jóvenes a un callejón cuya única salida visible es adelgazar a como dé lugar, adelgazar para que entonces lo respeten, para que entonces lo amen, para que entonces se den cuenta de que existe, y de que vale la pena. Simplemente analicemos, ¿cuántas veces hemos hecho sentir mal a una amiga, a una hermana, a un hijo respecto a su apariencia física? ¿Cuántas veces hemos pensado que si no bajamos de peso nadie nos hará caso? ¿Cuántas veces sin decir una palabra, mostramos rechazo por alguien así? Realmente no es nuestra culpa, no del todo... Gran responsabilidad recae sobre los medios por dar preferencia siempre a quien luce un cuerpo esbelto, aún a costa de la salud. Para muestra basta un botón, modelos y cantantes como Kate Moss, Lindsay Lohan, Nicole Richie cargaran orgullosas la bandera del orgullo anoréxico, y les funcionó, pues en vez de ser reprendidas, recibieron en su momento más contratos, propuestas de trabajo, más publicidad, más atención, lo que llegó a convertirlas en los modelos a seguir de muchas adolescentes.


En la familia también existe responsabilidad, pues esta se encarga de inculcar los valores, el amor por uno mismo, el respeto, la dignidad; una persona cuyas bases están bien cimentadas será más difícil que se deje deslumbrar por las banalidades del mundo exterior. Esto suele desarrollarse con mayor facilidad en familias contenidas, en las aparentemente buenas familias, en las familias demasiado ocupadas. Las características de la buena familia y de la familia contenida es que no se puede expresar lo que realmente se siente, no existe esa apertura ante la comunicación, no se pueden expresar pensamientos ó sentimientos negativos, errores, sin ser agredidos ó menospreciados. La familia demasiado ocupada se caracteriza por padres repletos de actividades, cuyos hijos son criados por los abuelos, por niñeras, tíos, todos, menos ellos; de modo que se vuelven una familia desunida, distante, como un grupo de extraños compartiendo la misma casa. Cuando el joven ó la joven busca acercarse a sus padres siempre lo hace con el temor de que le digan que están demasiado ocupados en cosas que sí son importantes, siempre anteponen el trabajo, las reuniones, a los hijos, demuestran su desinterés por la vida, las preocupaciones, los problemas y los sueños y deseos de éste. Es el tipo de familias en que en vez de dar atención, respeto y amor, se da dinero, lujos, placeres efímeros, para lavar las culpas, y no hacerse cargo.

Cuando el adolescente no logra satisfacer sus necesidades emociones comienza a reprimir, a bloquear sus sentimientos con la ilusión de que al no mostrar que tiene defectos, como todo ser humano, y mostrar solamente su lado bueno, conseguirá la aprobación de sus padres, de sus amigos, pero, ¿qué ocurre con las emociones reprimidas? tarde ó temprano, tienen que manifestarse. Ya que la persona no tiene oportunidad de comunicarlos, busca otras formas de expresar lo que siente, de sacarlo, y es así como puede terminar padeciendo un trastorno alimenticio, una psicopatología, para intentar llevar su vida, ó caen en drogadicción, alcoholismo, autoagresión, ó alguna otra adicción; se pueden volver buscadores de emociones, refugiarse en deportes ó prácticas que ponen en peligro su integridad, como arrancones ilegales, integración a bandas delictivas. Los trastornos alimenticios son enfermedades sociales, esa es la clave. Siempre nacerán a partir de un estereotipo tomado en cuenta con el filtro de las carencias personales, familiares y sociales, que se manifiestan como problemas de autoestima.

Apoyar es mejor que juzgar, y a veces, los jóvenes no buscan consejos, dramas, enojos, ni buscan reclamos, sino simplemente ser escuchados, ser comprendidos... ser amados. Muchos padres tienen la errada idea de que este tipo de cosas no pueden ocurrir en sus familias, es una idea yoica, a todos les puede pasar, menos a uno, menos a la familia de uno., sin embargo, nadie está inmune y las generaciones son cada vez más fáciles de manipular. Los médicos ayudan en la recuperación orgánica, en la recuperación del cuerpo, y los psicólogos y psiquiátras en la recuperación de la mente, pero en la recuperación del alma nada ayuda más que el apoyo y amor de la familia. Dedicar tiempo a las personas que amamos, escucharlas, dar importancia a lo que ocurre en sus vidas, aceptarlas tal y como son, en vez de presionarlas para volverlas lo que nosotros queremos que sean, hacer énfasis en sus errores y compararlas con otras; brindarles atención y orientación a tiempo puede evitar que caigan en algún tipo de círculo vicioso que los conduzca a un daño irreparable, e incluso la muerte. ¿Seguiremos fingiendo que no pasa, por comodidad?

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